Simplemente me desangraba, quería abrazar la tierra con tanta fuerza, que esta explotase entre mis brazos. Ya no había caras, solo silencios mustios intranquilos de aquellos que saben que antes de empezar ya han perdido.Se deshacían en plegarias a un absurdo dios mezquino y orgulloso de ser efímero. Y yo, no decía nada, caminaba, con las entrañas entre mis dedos, deshojando pensamientos, que ni ahora, cuerdo (creo) entiendo. En el momento más álgido, entre alaridos y estertores, me inundó el odio, con tanta fuerza que creí estar vivo, con tanta fuerza que sentí que todo, por difuso que pareciese, tenia sentido.
Fran Rubio

No hay comentarios:
Publicar un comentario